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¿Qué hay detrás de la ley seca y la era de la prohibición?

Ley seca y la era de la prohibición
Ley seca y la era de la prohibición

Por: Daniel Andrade


A principios del siglo XX, la llegada masiva de inmigrantes de clase obrera a ciudades como Nueva York o Chicago había propiciado el florecimiento de una nueva cultura urbana basada en la afición por el whisky, ginebra y demás bebidas embriagantes. Se consideraba el disfrute masculino de la bebida excesiva como un símbolo de autonomía y cohesión comunitaria. Esta cultura obrera inmigrante de la bebida se concretaba en la cerveza y el urban saloon.

La cerveza había desplazado al whisky como la bebida alcohólica más consumida, hasta el punto de suponer el 60% del consumo de alcohol en Estados Unidos. El éxito de la cerveza se debió a la inmigración, la urbanización y las innovaciones empresariales de la industria cervecera.

 

 

Conforme la industria se modernizaba, desarrollaba lazos más estrechos con el urban saloon. Hasta 1920 no se expandió el consumo de cerveza embotellada, por lo que la forma más barata y usual de consumir cerveza era la vendida a granel en los salones, un producto no pasteurizado, que debía ser consumido rápidamente.

Para evitar la competencia y mantener los precios, a finales del siglo XIX,  las grandes marcas de cerveza comenzaron a controlar los salones, introduciendo en Estados Unidos un sistema inglés que por el que a cambio de un pago mensual y de vender sólo una marca de cerveza, los cerveceros suministraban al encargado del saloon la barra, el espejo, los barriles, pagaban las licencias, alquilaban la propiedad e incluso construían el saloon en el solar que habían comprado. De esta forma, en 1916 las cerveceras controlaban más del 80% de los salones en Estaos Unidos.

Estas prácticas desafiaban las leyes y la moral «americana» y contribuyeron a que la cerveza, por su asociación con el saloon, pasara de considerarse una bebida saludable, a representar el primer objetivo de la prohibición.

 

Los saloons eran centros de reunión y elementos esenciales en los aparatos políticos de los partidos. A menudo se celebraban elecciones en sus locales traseros, muchos encargados de saloon participaban en la política local y sus locales eran el escenario de las prácticas corruptas —como intercambios de dinero y favores— con las que se forjaba la lealtad a los partidos.

 

Suministraban también otros servicios en los barrios obreros inmigrantes. En ausencia de bancos, los obreros podían cobrar cheques de la paga en los salones, usar el teléfono, recibir correo, guardar cosas valiosas  y disfrutar de una comida gratis al comprar un níquel de cerveza. Así pues, el saloon era también el «club del hombre pobre», un lugar calido, iluminado y agradable para relajarse y relacionarse.

 

Durante gran parte del siglo XIX y los primeros años del XX, la inmigración hizo subir las estadísticas de ebriedad y de violencia intrafamiliar. En 1913, un inmigrante italiano de Chicago llegó un día a casa en un completo estado de ebriedad y quiso tener sexo con su esposa, embarazada, esta al rechazarlo, la golpeó brutalmente. Como resultado, el niño habría nacido con malformaciones, algunos esparcieron el rumor de que el bebé tenía el aspecto de un demonio.

 

Surgió así el llamado Movimiento por la Templanza, con miembros como Carrie Nation, que eran capaces de atacar tabernas con un hacha y destruir las botellas que allí encontraban. Varios predicadores vinculaban la venta y el consumo de alcohol con un clima general de decadencia y con otros vicios morales tales como la prostitución. Se decía que el consumo de alcohol provocaba pobreza en las masas, enfermedades como demencia, y estimulaba la delincuencia, logrando normas de «prohibición total del alcohol» en pequeñas ciudades.

 

La Primera Guerra Mundial fue aprovechada por los activistas de la templanza como una ocasión para el «mejoramiento moral» del país, resaltando que gran parte de la cerveza consumida por los estadounidenses era producida por industrias de inmigrantes alemanes, y afirmando que reducir el consumo de este licor sería una actividad patriótica

 

Otro movimiento que surgió con gran fuerza en esa época fue la "Liga Anti-Saloon", compuesta por protestantes rurales y progresistas sociales tanto del partido Republicano como el Demócrata. Estas personas defendían los antiguos valores del orden y la moral estricta de la sociedad, y argumentaban que el consumo de bebidas embriagantes estaba dañando la sociedad estadounidense y afirmaban que: "Beber alcohol iba en contra de la voluntad de Dios".

 

En 1916 los prohibicionistas eran ya uno de los grupos de presión más importante de Estados Unidos, tras las elecciones presidenciales de ese año, consiguió que representantes prohibicionistas consiguieran la mayoría en ambas cámaras del Congreso,

 

 

La ley Volstead

 

 

Llamada así por el nombre de su impulsor, el congresista luterano por Minnesota Andrew J. Volstead . Aprobada en 1919 por el Congreso después de tres meses de debate. Al año siguiente entraba en vigor la norma que prohibía “la fabricación, venta o transporte de bebidas alcohólicas intoxicantes”. 

Curiosa y afortunadamente para muchas personas esta ley no castigaba el consumo de estas bebidas. Inmediatamente después de su aprobación se destruyeron millones de litros de vino y licores, clausurando infinidad de destilerías. Creciendo exponencialmente las sentencias de cárcel por delitos relacionados con el alcohol.

 

Pero muchos se oponían a la prohibición y desafiaban la ley constantemente. Las tabernas clandestinas y los clubes nocturnos se reprodujeron a gran velocidad, y los contrabandistas de licores se hicieron de oro traficando con bebidas a través de la frontera mexicana y canadiense.

 

El éxito de la prohibición fue rápido, pero también fue rápido su desaprobación entre los mismos sectores de la clase media que se habían movilizado para conseguirla.

 En primer lugar, la ley era mucho más estricta de lo que todo el mundo habría esperado, pues prohibía todas las bebidas con más de 0.5 grados de alcohol, por lo que en 1920, desafiando la Ley Volstead, los estados de Nueva York, Massachusetts y New Jersey aprobaron leyes que permitían la venta de vino y cerveza de bajo contenido alcohólico.

 

Así la prohibición fue efectiva en hacer disminuir el consumo de alcohol entre la clase obrera, aunque creció entre las clases medias y altas; acabó con el urban saloon y la cultura masculina de la bebida; pero en lugar de acabar con la corrupción política, la favoreció, como también favoreció la violencia y el aumento de la criminalidad ligada a la fabricación y el tráfico clandestino de alcohol. 

 

Chicago, capital del crimen

La peor consecuencia de la ley seca fue estimular el crimen organizado. La venta ilegal de alcohol ofrecía buenas perspectivas de negocio. Las bandas del hampa, en especial las de Chicago, se propusieron controlar el mercado del licor ilegal, y enseguida pusieron en funcionamiento sus propias destilerías, cervecerías y redes de distribución clandestina.

 

Existían los que fabricaban su propia cerveza o destilaban ginebra en sus propias bañeras el alcohol industrial (si ese que servía para curar heridas). Se volvía a destilar y se convertía en ginebras y whiskys sintéticos, muchos de ellos extremadamente venenosos, (incluso mortales). De nada servían los más de mil quinientos agentes destinados a hacer cumplir la ley.

 

Los temidos gánsteres como John Torrío y su sucesor, Al Capone, se rodearon de auténticos ejércitos privados y se dedicaron a intimidar y liquidar a sus competidores, mientras obligaban a los propietarios de tabernas clandestinas a pagar su “protección”.

Al Capone

De origen Napolitano, pero Nacido en los barrios bajos de Brooklin, comenzó a actuar en Chicago en 1920. Cuando la ciudad estaba dividida en bandas rivales, erigió un imperio de contrabando de alcohol a través de pactos con otros gánsteres con jugosos sobornos a políticos, policías y jueces para que le dejaran “trabajar” en paz.

 Pronto consiguió controlar y organizar círculos de influencia, no solo la ciudad y alrededores, sino todo el estado de Illinois. En 1923 Capone era ya el criminal más conocido y temido de Estados Unidos representando el estereotipo del gánster mujeriego, despilfarrador y partidario de la acción directa antes de la diplomacia para resolver un problema.

Los periódicos le habían convertido en un mito, la comisión contra el crimen le había aplicado el nombre de enemigo público número uno, mientras él ganaba 60 millones de dólares anuales con el contrabando de licor. Capone Se consideraba un hombre de negocios honesto, ya que pagaba puntualmente a los corredores de apuestas y realizaba obras de caridad.

y veía su negocio, siendo ilegal, en términos humanos,

 

Una de las frases de este afamado gangster era «pues es contrabando mientras se encuentra en los camiones; pero cuando tu anfitrión te lo ofrece en una bandeja de plata en el club, entonces es hospitalidad»

Sus métodos sanguinarios sumieron a la ciudad en una ola de violencia sin precedentes. Se llegaron a registrar más de quinientos asesinatos en tres años, casi todos ellos impunes.

La criminalidad asociada al tráfico ilegal de alcohol iba de la mano con la corrupción política. En Chicago, la connivencia con el mundo del crimen fue total y terminó provocando un alud imparable de guerras entre bandas.

Durante esta época surgió una fuerte guerra entre mafias y una competencia entre patrocinadores de bares clandestinos, lo que llevó a subir la popularidad de estos establecimientos convirtiéndose en un secreto mal guardado. Los dueños de bares ofrecían buenas sumas de dinero a policías por mirar a otro lado, disfrutar de una bebida o avisarles sobre futuras redadas organizadas por agentes federales de la prohibición.

 

A estos bares clandestinos se les conocía comúnmente como speakeasy donde solamente ciertas personas podían entrar con la ayuda de una clave secreta que no muchos sabían.

 

Estos locales y establecimientos, estaban escondidos y se camuflaban bajo la fachada de otro negocio y funcionaban casi como clubes privados lejos de los ojos de las autoridades.

Speakeasy bar clandestino
Speakeasy bar clandestino

La gente que acudía a estos Speakeasy podía burlar la ley seca y se daban regocijo del vicio que tanto les encantaba. La norma era evitar llamar la atención de vecinos y de policías.

 

Recordemos que la venta de alcohol estaba prohibida en esa época, es por eso que la mayoría de las bebidas destiladas que se vendía era un producto de baja calidad tanto en sabor como en niveles alcohólicos. Así que los bartenders tenían que ingeniárselas en preparar los mejores tragos escondiendo el sabor de las ginebras de bañera y los whiskies de granja.  

 

 

Durante la temporada de la prohibición, nacieron grandes cocteles, los cuales muchos de ellos aun siguen vivos y se han preservado durante muchos años. Uno de ellos es el Southside (el coctel preferido de Capone y sus mafiosos) 

Según cuenta la historia, el Southside fizz fue la bebida preferida de Al Capone, cuya mafia dominaba el sur de Chicago. La ginebra importada por los rivales de Capone en el lado norte de Chicago era suave, y generalmente se consumía con ginger ale, este cóctel era conocido como Northside. Sin embargo, la ginebra que traficaba la mafia de Capone tenía una entrada más áspera, de menor calidad, y requería más ingredientes para que fuera apetecible, tapando así su nefasto gusto original. Así nació el Southside.

Receta

60 ml de Ginebra

30 ml de jugo de limon

25 ml de jarabe simple

5 hojas de menta

 

Agregamos todos los ingredientes en una coctelera y shakeamos durante 10 segundos . Vertemos el coctel en una copa coupe previmente enfriada para que mantenga la temperatura de coctel. Decoramos con una hoja de menta 

Alrededor de los speakeasy se fue fraguando una nueva cultura juvenil de la bebida y el entretenimiento, que incluía a las mujeres y a las clases medias, en la que era muy importante la relación social entre hombres y mujeres, que iban cambiando el cortejo del siglo XIX, por el dating del siglo xx. También en esos garitos clandestinos fue emergiendo una heterogénea vida social nocturna, que incluía el contacto con la cultura afroamericana y la subcultura gay. Estos jóvenes de clase media ya no compartían los valores victorianos, sino que buscaban el entretenimiento y la realización personal a través del consumismo y el entretenimiento de masas, concretado en la radio, el cine o los paseos en coche.

 

Estos eran valores y hábitos, que a finales de los años veinte se podía permitir también cierta clase obrera americana, que trabajaba en las industrias, con buenos salarios, empleo estable y prestaciones sociales de la empresa

Salud social  y muerte

ley seca y la era de la prohibition
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Pero si la figura del gánster podía ser ambigua en términos populares, no lo eran la muerte y la invalidez causadas por la adulteración de alcohol.

 

Según el departamento de salud sólo en 1926 hubo 50.000 muertes, todas ligadas al consumo de bebidas adulteradas.  también estaban las cegueras y parálisis causadas por la utilización alcohol desnaturalizado para uso industrial sin re-destilar, que contenía una sustancia extremadamente venenosa llamada metanol.

 

La revocación

 

El fracaso de la ley seca era evidente, por lo que se desató una importante corriente favorable a su revocación, se formó La Asociación contra la enmienda de la prohibición. Una organización apoyada por personalidades importantes y sindicatos empresariales conservadores se oponía a la prohibición porque el espíritu y la aplicación de la Ley Volstead violaban la Constitución al permitir la injerencia del gobierno federal en los derechos de los estados y las personas. Pero fue un mensaje eficaz políticamente, pues colocó a la prohibición en el centro del debate político en las elecciones presidenciales de 1932.

 

La postura anti-prohibición de los demócratas, fue una de las claves del éxito electoral de Franklin Roosevelt —inmediatamente los impuestos sobre el alcohol significaban ingresos en manos del Estado Federal para luchar contra la crisis económica—, apoyado en un mapa electoral ya definitivamente transformado por la asimilación y naturalización de las minorías étnicas europeas a lo largo de la década.

 

 

En términos sociales, la ley seca fue una catástrofe. No erradicó el consumo de alcohol y produjo un cambio cualitativo en la sofisticación del crimen organizado. La ley seca generó enormes fondos que luego fueron reinvertidos en otras formas criminales a gran escala, como el juego, la prostitución, la extorsión laboral y el tráfico de drogas. Quería “purificar” el país y acabó provocando, en gran medida, el despegue definitivo de las mafias en Estados Unidos.

 

Conclusión

 

La depresión de los años 30 aceleró la anulación de la ley seca, pues hacían falta nuevos empleos e impuestos. Los demócratas plantearon la abolición de la ley en su plataforma de 1932. Su candidato Franklin D. Roosvelt adoptó esa causa y logró una victoria abrumadora sobre el presidente en ejercicio, el republicano Herbert Hoover.

El 21 de marzo de 1933 Roosevelt ya convertido en presidente cumplió su palabra y firmó el Acta que legalizaba la venta de cerveza y vino que tuviera hasta 3,2 %, aplicable a partir del 7 de abril de ese mismo año, derogando la ley Volstead.

 

Meses después diversas convenciones estatales ratificaron la Enmienda prohibicionista y el 5 de diciembre de 1933 finalmente se dio por concluida la ley seca.

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